Rumore,rumore…

La RAE define la palabra rumor como voz que corre entre el público. Sin embargo, sólo debería de estar admitida una única definición: veneno, veneno malvado y dañino.
La sociedad actual, el mundo en el que vivimos, básicamente vive de este tipo de información, de lo que dice este o el otro. La verdad, los hechos contrastados y probados, han quedado olvidados en el pasado. Hoy en día la gente es capaz de creer antes una información falsa que conoce mucha gente antes que una noticia real que no ha sido muy difundida. Y lo peor no es eso, que la gente se crea todo lo que escucha, si no que encima de creerlo divulgan rápidamente lo escuchado.

Cuando oímos la palabra rumor, instantáneamente lo relacionamos con la televisión y el mundo de la prensa sensacionalista: que si fulano ha dicho que estos se van a divorciar, que si la otra dice que se ha acostado con tal futbolista… todo mentira, pero que la gente cree ciegamente. El rumor malicioso no sólo es cosa de la televisión, es nuestro pan de cada día, y es que ¿a quién no le han acusado nunca injustamente de hacer algo o de decir algo que en realidad no había dicho o hecho? Parece ser que es algo con lo que estamos condenados a vivir.

Aunque la mayoría de las veces los rumores sólo afectan a la vida personal de cada uno, también hay veces en las que afectan a ámbitos importantes de la sociedad. Para ello no hay más que analizar lo que viene pasando en Francia esta última semana. Dos jóvenes inmigrantes murieron el pasado domingo a causa de un accidente con un coche de policía. En el barrio en el que vivían rápidamente corrió el rumor de que los culpables del choque habían sido los policías y de inmediato los compatriotas de los fallecidos empezaron a reivindicar la muerte de los mismos mediante violentos ataques. Un simple rumor ha hecho que Francia lleve viviendo los últimos días una oleada de violencia casi tan importante como la vivida en el año 2005.

Así que visto todo esto, está claro que deberíamos de empezar a plantearnos la vida de otra forma, a dejar de creer todo lo que nos cuentan y sólo hacer caso a los hechos contrastados, a las verdades. Y es que de lo contrario llegará un día en el que nadie crea nada de lo que escucha, la verdad desaparecerá y el mundo se volverá un lugar lleno de desconfianza.

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